Monasterio Cisterciense de la Santa Cruz


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Vocación

¿Cómo vivimos?



LA VOCACIÓN
A TI, JOVEN, EL SEÑOR TE DICE:
"VEN Y SÍGUEME"


¿Qué es la vocación? Se trata de la llamada de Dios para una tarea que abarca la vida entera de la persona.
Todo ser humano tiene una misión qué cumplir dentro de las condiciones más diversas. Para que el hombre realice esa misión perfectamente, necesita lo que se llama vocación, es decir, inclinación hacia un estado determinado de vida
Es posible que tú quien quiera que estés leyendo esta página, puedas ser destinataria o destinatario, de estas palabras de Jesús: Ven y sígueme y, mientras no le pongas atención, el Señor seguirá insistiendo. La llamada del Señor siempre es actual, nunca pasa de moda

El Señor Jesús nos llama a construir su REINO. Cuando él llama, va en serio, porque eres tú quien debe de responder con todo lo que eres: nadie lo hará por ti.

Yo estoy a la puerta y llamo .
Si alguno oye mi voz y abre la puerta
entraré en su casa y comeré con él... (Ap 3,20)

Benito de Nursia entendió bien ésto. Por eso toda su vida, en medio de tantas dificultades, se dedicó a Buscar a Dios, por eso ha sido y es uno de los grandes pilares de la vida religiosa. Quizá en este momento la invitación de Jesús sea para ti, que te invite a que seas parte de la vida monástica; porque tú también puedes buscar a Dios en esa forma de vida. Si así lo crees, no tengas miedo ¡Lánzate a buscarlo! Comienza por ir descubriendo el maravilloso mundo de la vida monástica.
No sois vosotros los que me habéis elegido. Soy yo el que os escogió... (Jn 15,16).
Para que, una vez aceptada la invitación, el Señor pueda estar con nosotros, en íntima relación de amor. Porque la vocación es una llamada que exige una respuesta generosa y alegre por parte del elegido, que deberá prescindir de otros planes para dedicar sus energías a la nueva tarea encomendada. La aceptación de la llamada es consecuencia del amor a Dios y deseo de identificación con Él por parte del llamado.
La seduciré, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón... (Os 2,16-18)
La vocación es una llamada para realizar una tarea especial. Y esta tarea siempre incluye contagiar a otros del amor divino. La respuesta a la vocación monástica no es una huida, sino la respuesta a ese Amor, tan grande, que tiende a hacerse absorbente hasta ocupar la entera existencia de la persona que responde.


La llamada de Dios reviste múltiples formas, mas, en todas ellas, late una manifestación de su amor personal por la persona llamada.
A nosotras, al llamarnos al desierto de la vida monástica, Dios pensaba en su Iglesia y en todos los hombres, y nuestra respuesta se la damos en tanto que somos miembros del Cuerpo de Cristo y como representantes de la entera familia humana. Deseamos ser el corazón adorante de la Iglesia y el corazón amante de la humanidad. Por eso, desde nuestro desierto monástico, elevamos al cielo la alabanza a Dios y en nombre de todos presentamos a Dios el grito de nuestros hermanos los hombres.
Esto es el SÍ a Dios: darle toda nuestra vida en favor de nuestros hermanos, los hombres, porque hemos experimentado ese amor tan grande que nos tiene y hemos creído en Él. Dios llama por amor y con amor se ha de responder.
Amar es darse a sí mismo. Sólo el que ama se entrega total y desinteresadamente. Al entrar en un monasterio, sin duda tendremos que dejar muchas cosas, incluso prácticas y buenas. Pero vale la pena dejar todo por el TODO. Arriesgarse por Dios es una felicidad que nos lleva a la felicidad plena, en buena medida, ya en esta vida.



Algo a tener en cuenta en el discernimiento de la vocación, es que Dios nos habla a través de los acontecimientos y de las personas, así como de nuestros gustos e inclinaciones sanas.
Saber si tengo vocación. Dios agranda el corazón del elegido. La persona descubre en su interior un nuevo afán de amar a Dios y al prójimo, y quiere responder afirmativa y desinteresadamente a la llamada divina. Entonces el Señor premia la entrega generosa de la vida con los dones propios de esa vocación y con una mayor capacidad de amor que Él regala. Y el corazón rebosa de alegría.
La vida monástica ha sobrevivido por muchos siglos, precisamente porque del evangelio salen cosas nuevas y viejas que hacen del estilo monástico algo siempre actual.
Es posible ser moja hoy, aunque el reto de la vida monástica es mayor en nuestros agitados tiempos. Una de las exigencias es entregarse para que el mundo redescubra a Cristo, a través de la oración y la vida fraterna
El mundo tiene sed de Dios. Y esta sed aumenta a medida que corre y corre tras la técnica, el placer y el consumismo.
La vocación monástica es también una carrera. Pero, claro, ese correr es ir tras Jesús. ¡Busca la paz que es Cristo y corre tras Él!
Si sientes ese deseo profundo de vivir una vida de oración y trabajo, te invitamos que conozcas esta comunidad cisterciense del Monasterio de la Santa Cruz de Casarrubios del Monte.
Atrévete a responder al Señor que te dice: VEN Y SÍGUEME. ¡Dale una respuesta generosa!


Oración para escoger el estado de vida

Oh Dios mío, Tú que eres el Dios de la sabiduría y del buen consejo, Tú que lees en mi corazón el sincero deseo de agradarte a ti solo y de hacer todo conforme a tu santa voluntad. En cuanto a mi decisión sobre el estado de vida, por la intercesión de la Santísima Virgen y de todos los santos, concédeme la gracia de saber qué forma de vida he de escoger, y poder abrazarla una vez conocida, a fin de que así pueda yo buscar tu gloria y merecer la recompensa celestial -para mí y para toda la humanidad-, que has prometido a los que hacen tu santa voluntad. Amén.

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