Monasterio Cisterciense de la Santa Cruz


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M.Mª Evangelista


Madre Mª Evangelista nació el 6 de enero 1591 en Cigales (Valladolid). Fue bautizada el día 18 del mismo mes en la Iglesia parroquial de Cigales, recibiendo el nombre de María. Sus padres eran Gonzalo Quintero e Inés Malfaz, que tuvieron otros cuatro hijos mayores que ella.

Al decir de sus contemporáneos, María era una niña pacífica pero muy despierta, y en todo normal como cualquier niño. Educada por padres cristianos y piadosos, manifestaba en todo esta educación. No sólo le gustaba acudir a los actos de piedad en la iglesia, sino que además invitaba a sus amigas a acompañarla. De jovencita seguía siendo piadosa, virtuosa y prudente, pero también despierta, ingeniosa y muy enérgica, con clara inclinación hacia la vida religiosa en una orden contemplativa. Este testimonio lo han dejado escrito sus contemporáneos.
Como su padre había fallecido en 1592 -cuando ella sólo tenía un año-, a los 17 años, expuso a su madre y hermanos mayores (uno de ellos, Antonio, que ya era sacerdote en la misma Villa de Cigales) su deseo de ser monja.
Después de las oportunas gestiones, María ingresa en 1608 en el Monasterio de Santa Ana de Valladolid y, por circunstancias incomprensibles pero sin duda providenciales, se le impuso el hábito de hermana lega el 10 de mayo de 1609. Al nombre de María se le añadió el de Evangelista.

Durante el tiempo de noviciado gozó de buena salud y de un ánimo alegre. Su conducta era ejemplar, destacando por su humildad, caridad, obediencia y reflexivo silencio. Siempre pronta al cumplimiento de las exigencias de la Santa Regla.
El 20 de mayo de 1610 hizo su profesión solemne también como hermana lega. Antes de hacer esta profesión, como también antes de su ingreso en el monasterio y de su toma de hábito, ella intentó aclarar que sus grandes deseos de ser monja de coro para pasar su vida cantando las alabanzas divinas, pero tanto su hermano Antonio (su tutor) como gran parte de la comunidad, se opusieron a ello. Así es como María no tuvo más remedio que aceptar, resignada y humilde, ser hermana lega, -que al parecer tampoco era por falta de dote ni de preparación, sino por esos misteriosos motivos que la providencia utiliza para que podamos ver mas clara su Gloria-.

A partir de aquí, esa divina Providencia actuó clara, y en muchos momentos milagrosamente, para manifestar que su voluntad era que María fuera monja de coro, ya que como monja lega no podía ser fundadora.
Poco después cae gravemente enferma y su hermano Antonio -sacerdote-, pretende sacarla de clausura y llevarla a Francia para curarla. Ella se opone radicalmente y ruega con fervor al Señor que la cure para no verse obligada a salir del monasterio. El Señor se lo concede, cuando humanamente no había esperanzas de curación, es visiblemente curada.
Pasados diecisiete años como hermana lega, y soportando enfermedades graves, por influencia de su confesor -el P. Francisco de Vivar-, y pese a la oposición de algunas monjas, Doña Ana de Austria, Abadesa del Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos, le concede en 1626 la profesión como monja de coro.
Después que María Evangelista había comunicado a su confesor el desconcertante asunto revelado de que sería fundadora de un monasterio, llegó a Valladolid el matrimonio procedente de un pueblo de Toledo -Casarrubios del Monte- D. Alonso García de Ojea y Dª. María Rodríguez. Se establecieron en la ciudad con el fin de seguir más de cerca un pleito que tenían entablado contra el Conde de Rivadavia.

La casa en la que residían estaba al lado de la capellanía del padre Vivar. Pronto surgió una íntima amistad entre el religioso cisterciense, que en alguna de sus conversaciones les habló de la humilde monja de Santa Ana a la que él admiraba por su vida santa. Ellos le manifestaron a su vez los proyectos de emplear su hacienda en una fundación.
Hasta conseguir llevar a cavo los proyectos de fundación hubieron se superar dificultades de todas cases, mas Dios quiso que fueran todas superadas
Así, de acuerdo con la Abadesa del Monasterio de Santa Ana y la Abadesa de las Huelgas de Burgos, el 25 de octubre de 1633, sale de Santa Ana de Valladolid, el grupo fundador de monjas salió hacia Casarrubios. D. Alonso y su esposa, habían partido ya antes, para ir tramitando los permisos de fundación en Madrid y Toledo.
Las fundadoras eran tres: la Madre María Evangelista, la Madre Francisca de San Jerónimo y la Madre María de la Trinidad, y dos jóvenes novicias. Como es obvio, el viaje tampoco fue fácil. llegaron a Madrid, donde se alojaron ocho días en el Monasterio del Santísimo Sacramento, mientras que D. Alonso, que sin problema había comprado las casas para construir el monasterio, tenía que hacer frente al pueblo alborotado que, incitado por las autoridades, se oponía a la fundación de un monasterio de monjas en la villa. Milagrosamente, todo se volvió a favor de la fundación y recibieron a las fundadoras tan bien que salieron a recibirlas todos los vecinos del pueblo con repique de campanas, música y cohetes.

No sin grandes dificultades en el viaje fundacional, llegaron a Madrid, donde se alojaron ocho días en el Monasterio del Santísimo Sacramento, al tiempo que D. Alonso, que sin dificultad había comprado las casas para construir el monasterio, tenía que hacer frente al pueblo alborotado que, incitado por las autoridades, se oponía a la fundación de un monasterio de monjas en la villa. Milagrosamente, todo se volvió a favor de la fundación y recibieron a las fundadoras tan bien que salieron a recibirlas todos los vecinos del pueblo con repique de campanas, música y cohetes.

La narración de la fundación escrita por M. Gertrudis, una de las primeras novicias que tuvo el Monasterio, dice: "Viendo los contrarios que sus diligencias no aprovechaban, y pareciéndoles que ésta era obra de Dios, desistieron de su oposición y comenzaron a mostrarse tanto más finos cuanto habían sido más contrarios. Y así, salió gozosamente el pueblo entero a recibirlas por el camino, tocando todas las campanas del pueblo y con instrumentos musicales, y tantas muestras de alegría cuanto ellos pudieron disponer".
Pese a que las grandes dificultades se iban misteriosamente solucionando, la vida de M. María Evangelista como vemos, no fue sólo de rosas, y la fundación del monasterio le costó grades dolores también. Hay muchos testimonios de monjas y seglares que se conservan en los archivos de los Monasterios de Santa Ana de Valladolid y en el de Santa Cruz de Casarrubios, que dan fe de una gran fama de santidad. Se conservan también varios volúmenes con sus escritos: tratados sobre la oración y virtudes, además de su itinerario de oración, que escribió por obediencia a su confesores, P. Francisco de Vivar en Valladolid y P. Francisco de San Marcos en Casarrubios.
La Madre María Evangelista abandonó este mundo el 27 de noviembre de 1648, para disfrutar de la visión plena de su divino Esposo, dejándonos aquí una estela de luz y santidad que sigue atrayendo en pos de sí la admiración de todo el que conoce su vida y su obra. Su cuerpo se conserva totalmente incorrupto en este Monasterio fundado por ella.
Fue Abadesa hasta su muerte y la sucedió, en este cargo, M. Francisca y, a ésta, M. Trinidad, confundadoras con ella.


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